Aug 012012
 

El recorrido que hacen nuestros ojos cuando observamos una imagen permite predecir qué frases usaremos para describir lo que estamos viendo.
Esa es la conclusión a la que llegó un equipo de investigadores de la Universidad de Edimburgo, en Escocia, que analizó la correlación entre el discurso y el movimiento de los ojos, y descubrió que la forma en que describimos una imagen no es caprichosa sino que está directamente vinculada al recorrido visual que hacemos por la imagen antes de hablar.
Este hallazgo resulta extremadamente útil para mejorar la interface de los programas que funcionan con reconocimiento de voz y para otras clases de software para personas discapacitadas, muchas de las cuales sólo cuentan con el movimiento de sus ojos para expresarse.
Según explican los investigadores, el patrón que sigue la mirada permite anticipar qué objetos describiremos de una escena determinada, qué relación percibimos entre ellos y cómo ordenaremos las palabras (que siguen el orden de los sitios u objetos en los que hemos posado los ojos), así como la longitud de la frase.

Moreno Coco, uno de los científicos a cargo del estudio, dijo: “Notamos muchas diferencias entre la gente”. Ante la misma imagen, “algunos hablaron durante mucho más tiempo que otros, describiendo varios objetos, mientras que otros usaron frases muy cortas, concentrándose sólo en uno o dos detalles”.
La imagen y el movimiento de los ojos están ligados porque en principio necesitamos ver lo que vamos a describir. Lo que la investigación pone en evidencia es la correlación entre el discurso y “la forma en que hablamos con la mirada”.
Para hacer el estudio los investigadores les presentaron a un grupo de voluntarios una serie de imágenes con escenas realistas en espacios interiores, como por ejemplo una sala de estar o la recepción de un hotel.
Después de ver estas postales, los participantes debían describir la escena tal y como la veían.
Por ejemplo, si los ojos de la persona se dirigían primero al hombre en la foto y luego a la silla, solían decir: “Hay un hombre parado al lado de la silla”. O si sus ojos se posaban primero en la silla, luego en el hombre, más tarde en el mostrador y finalmente en un sofá, empezaban hablando describiendo la silla primero, y, como sus ojos se habían detenido a mirar más objetos, se demoraban más describiendo la imagen.
Al registrar los patrones del movimiento ocular de los voluntarios y las descripciones que hicieron de las escenas, los científicos lograron identificar qué patrón correspondía a qué frase y predecir cuál frase emplearían después de seguir un patrón determinado

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